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Un Galduriense protagonista del "Milagro del arca de los animales" de Santo Domingo de Silos.
Historia, Tradiciones
Un Galduriense protagonista del "Milagro del arca de los animales" de Santo Domingo de Silos. - .
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Ildefonso Alcalá Moreno

Cronista Oficial de la ciudad

 

 

Gracias al Padre Pablo C. Gutiérrez[1] (Benedictino) en su obra “Vida y milagros de Santo Domingo de Silos”, conocemos que uno de los principales milagros de este santo español tuvo envuelto a un Galduriense llamado Domingo. Curioso este hecho, lo publicamos por primera vez, para curiosidad de los lectores de esta revista.xml:namespace prefix = o />

 

 

1.- VIDA DE SANTO DOMINGO DE SILOS

Su vida[2] cuentan que “la escribió con devoción precisa un monje contemporáneo llamado Grimaldo, que además fue religioso de su casa. Lo que se describe en latín decadente de última hora fue luego puesto en el balbuciente romance de lengua castellana por Gonzalo de Berceo ya en el siglo XIII.

Nace alboreando el siglo XI en Cañas, cerca de Nájera, en el reino de Navarra; no se sabe si de cuna noble o del pueblo llano, ni si rico o pobre. Sí se le conoce pastoreando cuando niño y dado a compartir comida y leche de oveja con los viandantes. Es apacible de carácter y muestra cierta inclinación al estudio; quizá por eso sus padres le orientan hacia la clerecía que es, en su tiempo, un modo de conseguir honores y riquezas, casi tanto como las armas, aunque él piensa más en su santificación y en la gloria de Dios que en los triunfos humanos.

El obispo lo ordena sacerdote. Pero Domingo Manso llega a sentirse indigno y nota pavor porque es duro y muy difícil vivir en solitario tan sublime ministerio. Después de año y medio se retira. Ya no hay eremitas; la quintaesencia se busca en los monasterios. Entra en el antiguo y observante cenobio de San Millán de la Cogolla, tomando el hábito negro de San Benito. Recibe y da ejemplo. Encargado del priorato de Santa María, lo rehace.

Los monjes de San Millán vuelven los ojos a él y le piden sea su prior. Pasa de "pastorcillo" a "pastor". Y mientras cumple este encargo, el rey don García de Navarra, duro de carácter y tenaz, conocido como "el de Nájera", le pide los tesoros del cenobio; pero da con un compatriota que también lleva en la sangre lo que dan la tierra y la época en cuanto se refiere a tozudez y firmeza. Pone cara al rey y defiende lo que es patrimonio de su casa y de su iglesia. Esta actitud le valió el destierro voluntario a las tierras de Castilla donde reina el hermano de don García.

El bondadoso rey Fernando, le encomienda poner en pie el monasterio —por entonces en ruinas— de San Sebastián de Silos que fundó o restauró Fernán González en el 909 y que sobrevive casi deshabitado. Fue una obra gigantesca que en España ayuda a la configuración de la gran Castilla en cuanto llega a convertirse en un foco civilizador en el lugar por donde poco antes andaban los sarracenos. Llegan más y más gentes al calor del monasterio. Entre el ruido de los martillos de canteros, las sierras de carpinteros, los cinceles de los escultores, los cencerros de las vacas y las esquilas de las mulas, también suenan las campanas que llaman a Vísperas, a Misa y a los rezos. Con ello, se escucha la alabanza de los monjes que va aprendiendo el pueblo. Las tierras son bien labradas y hay horno de pan dispuesto. Ovejas y bueyes pastan por los amplios campos llanos. Se va haciendo arte al terminar las obras con esmero. Y el estudio de los monjes requiere libros que se guardan como tesoro sin precio.

Murió el santo abad —"Abad de santa vida, de bondad acabado", según escribe su cantor— que supo vivir de oración y penitencia el 20 de diciembre del año 1073 dejándole al monasterio de Silos su nombre como título.Este santo obtuvo de Dios muchísimos milagros para quienes se encomendaban a sus oraciones”, decían. El biógrafo, que escribió su vida poco tiempo después de la muerte del santo, dice que no había enfermedad que las oraciones de este santo no lograra curar. Otro testigo de aquel tiempo afirma: "Nunca vi a un enfermo, ni a un sano, a quien no le alegrara él con su boca o con su mano". Llegó hasta a anunciar la fecha de su propia muerte. 96 años después de su muerte, este santo se apareció en sueños a la madre de Santo Domingo de Guzmán para anunciarle que tendría un hijo que sería un gran apóstol. Por eso cuando el niño nació le pusieron el nombre de Domingo en honor del santo de Silos. Es por ello también que muchas madres en España se encomiendan al Santo Domingo de Silos para obtener que su hijo nazca bien y que sea una buena persona después.

 

 

2.- EL MILAGRO DEL ARCA CON UN GALDURIENSE.

El famoso milagro del Moro del Arca[3], contado ya por Pero Marín, pero enriquecido de detalles pintorescos por los biógrafos posteriores, tiene como base un Galduriense cautivo por el moro granadino Aboazar, éste Galduriense se llamaba Domingo.

Cuenta el Padre Pablo C. Gutiérrez que: “Vivía en Granada un moro llamado Aboazar, que en distintas ocasiones había comprado doce cristianos. Uno a uno los adquirió, y uno a uno se los fue quitando milagrosamente Santo Domingo de Silos. No escarmentado, compró otro, llamado Domingo, natural de Jódar. Receloso el sarraceno no le aconteciese con éste igual que con los otros, discurrió guardarle con singular empeño, porque al día siguiente tenía bodas Aboazar y quería sacrificar este cristiano en honra de sus mayores. Así, pues, temiendo que aquella noche se lo llevase Santo Domingo, previno su astucia un arca, de la cual salía una cadena que ataba al amo y al cautivo y que sujetó en el suelo.

Temiendo dormirse profundamente, puso encima del arca, como despertadores, un perro, un gallo y una gallina, presumiendo no tendría el Santo poder de cerrar la boca de aquellos animales; y así se echó tranquilamente a descansar.

El cautivo, que sabía la suerte que le aguardaba al día siguiente, lleno de angustia, acudió al redentor de cautivos, suplicando a Santo Domingo le socorriese en tan terrible aprieto. Oyóle el piadoso Padre y, con una acción verdaderamente maravillosa y nunca vista, libró al esclavo del peligro y castigó la locura que creía poder burlar su divino poder.

Cuando todos estaban dormidos, en un rápido y prodigioso vuelo, trasladó Santo Domingo desde Granada a su monasterio al moro, al cautivo, al perro, gallo y gallina sobre la misma arca en que se hallaban. De pronto oyó el moro campanas, y sin advertir dónde estaba, preguntó al esclavo qué cencerros eran aquéllos. A lo que respondió el buen Domingo: -No son cencerros, que son campanas de cristianos. Bajaban los monjes a cantar la primera misa del alba y, a las voces del aturdido sarraceno, acudieron a ver la novedad. Sacaron al cautivo del arca y, llenos de admiración y gozo, dieron gracias a Dios y a Santo Domingo.

Es tradición que Aboazar el moro se convirtió, a la vista de tan estupendo milagro, y se quedó en Silos al servicio del monasterio de su libertador espiritual. Recogieron los monjes el perro, el gallo y la gallina y los guardaron como recuerdo del portento.

Consérvase hoy-dice el P. Castro- la casta de gallinas, que ha más de cuatrocientos años vinieron de tierra de moros; son blancas como la nieve y tienen las patitas amarillas. Su habitación es el claustro y su jardín. Van a comer al refectorio cuando tocan la campana y, de ordinario, son más puntuales que los monjes, de cuyas manos toman la comida. Venéranlas todos casi como reliquias y las llaman las gallinas del Santo. Esto era en el siglo XVII.

Por nuestra cuenta añadiremos que con la exclaustración de 1835 desaparecieron tales gallinas, quedando únicamente como recuerdo el lugar donde moraban, que aun hoy día llamamos El Gallinero del Santo”.

Quien le iba a decir a este Galduriense, y a nuestra ciudad que iban a entrar en la prodigiosa vida y milagros de Santo Domingo de Silos, y que un Galduriense tendría por voluntad del Santo, la milagrosa facultad de volar, entre sarracenos, perros y gallinas... ¡Qué cosas depara nuestra historia!



[1] Gutiérrez, Pablo C.  (Benedictino) Vida y milagros de Santo Domingo de Silos. Narración popular. Tercera Edición. (Para celebrar el noveno centenario de la muerte de Santo Domingo, 1073-1973). Abadía de Silos, 1973. http://www.vallenajerilla.com/berceo/silos/vidamilagrosdomingosilos.htm

[2] http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=635


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