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La Abadía de Alcalá la Real por Carmen Juan Lovera
Historia, Patrimonio
La Abadía de Alcalá la Real por Carmen Juan Lovera - . Alcalá la Real. Iglesia Abacial. Fotografía Ildefonso Alcalá
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LA ABADÍA DE ALCALÁ LA REAL

 

Carmen JUAN LOVERA

 

PREÁMBULO

 

La Abadía de Alcalá la Real que tuvo una vida de cinco siglos –desde su fundación por Alfonso XI en 1341 hasta el Concordato de 1851 – era una Abadía secular, o sea integrada no por monjes sino por sacerdotes seculares.

 

Las Abadías seculares, como las colegiatas seculares, eran entidades intermedias entre la unidad eclesiástica, que es la parroquia, y la diócesis.

 

Las diócesis tienen obispo al frente de un cabildo formado por canónigos. En las colegiatas y abadías el cabildo –de canónigos en las primeras, y de presbíteros en las segundas- era presidido por un  abad también presbítero, aunque podía ostentar también otros títulos o cargos.

 

Ambas entidades que desaparecieron con la organización eclesiástica surgida del Concordato del año 1851 se dividían en varias clases, según su categoría y funciones.

 

La clase más importante de la que existieron muy pocas en España, es la llamada  nullius .Nullius sed propiae diócesis”, independientes de toda diócesis, sufragáneas solo de la de Toledo por ser la primada de España, y con territorio propio donde sus abades, titulados “mayores”, ejercían la misma autoridad que los obispos en sus diócesis, con las solas limitaciones de no poder celebrar los sacramentos del orden y confirmación. Pero podían dar dimisorias, cartas a sus súbditos, para que pudieran ser ordenados por los obispos a quienes se dirigían; y traer obispos para las confirmaciones. Si jurisdicción era pues verdaderamente episcopal, vel quasi, como se decía con esta locución reminiscencia de tiempos pasados que equivale a jurisdicción episcopal, y como tales usaban insignias pontificales: anillo, báculo, mitra, etc.

 

CREACIÓN DE LA ABADÍA DE ALCALÁ LA REAL

 

Al genio político del rey Alfonso XI conquistador de la importante fortaleza de Alcalá de Benzayde bautizada por él como LA REAL, se debe la erección de ésta Abadía Secular, de patronato real, nullius, o sea con excensión total y suprema de toda diócesis excepto Toledo, con territorio separado y jurisdicción sobre el clero y pueblo de él.

 

Territorio que comprendía con el de Alcalá las poblaciones y términos de Castillo de Locubín, Priego y Carcabuey, conquistados por el mismo rey, al par que Alcalá de Benzayde, en la campaña posterior a la famosa victoria del Salado, conocida como Gesta de Alcalá que transcurre otoño del año 1340 al verano de 1341.

 

El rey indudablemente estaba asesorado por su canciller y amigo el arzobispo de Toledo, don Gil de Albornoz, uno de los más grandes estadistas medievales, el cual intuye que la importancia geopolítica de la fortaleza alcalaína, verdadera puerta a Granada de Castilla, debía ser arropada con una entidad religiosa rica e independiente.

 

Independiente de toda otra autoridad que no fuera la de la Corona, de ahí los títulos de Real que acompañan a la ciudad y a su Abadía y que el nombramiento de los abades dependiera solamente de la Corona, sin necesidad de bula pontificia; aunque la colación, o concesión canónica del beneficio, debía ser hecha por autoridad religiosa competente a la que los reyes presentaban el nombre del abad.

 

Una carta de Isabel la Católica, catalogada en el volumen V del Registro General del Sello Archivo General de Simancas, fechada el 22 de diciembre de 1480, de la que copiamos algunas frases a continuación, nos confirma lo dicho anteriormente.

 

Se dirige la reina a don Alfonso de Burgos, su confesor y capellán mayor y obispo de Córdoba. En ella le nombra abad de Alcalá la Real por haber quedado vacante esta abadía con la muerte del ocupante: “E porque a my como Reyna y Señora de estos Reynos, e patrona de la dicha eglesia, pertenesce presentar e nombrar persona ydonea e suficiente para que haya la dicha Abadía e de ella sea proveydo ... por la presente vos presento a la dicha Abadía ... E ruego e requiero al reverendo en Cristo padre obispo de Jahen, mi oydor e del my Consejo, o a quien pertenesciere la colación e provisión de la dicha Abadía que admita esta mi presentación ...”

 

ABADES DE ALCALÁ LA REAL

 

Son 35 si consideramos a don Gil de Albornoz el primero de ellos, lo cual es probable por encontrarse el escudo de Alcalá la Real en el Colegio Español San Clemente de Bolonia, magna y perdurable creación de don Gil, cuando en los últimos años de su vida, al servicio de los papas de Aviñón consigue, con sus campañas en Italia, la vuelta del pontificado a Roma.

 

Todos los abades van relacionados al final de este trabajo por lo que solo citaremos a algunos de ellos.

 

El séptimo, don Alonso de Burgos, al que antes nos hemos referido, prueba, como el segundo, el cuarto y el quinto la estrecha relación de Alcalá con la Córdoba de esa época. Tres dignidades de su catedral y don Alonso, su obispo, fueron abades alcalaínos.

 

El décimo, don Juan de Ávila, rigió más de cincuenta años la Abadía e inició las principales iglesias de Alcalá, Castillo de Locubín y Priego. Tuvo problemas con el obispo de Jaén don Esteban Gabriel Merino. Hizo  sínodo y publicó sus Constituciones. Además de ser el abad que durante más tiempo rigió la Abadía alcalaína es también el que más profunda huella dejó en ella. Tanto en el aspecto artístico como en el jurisdiccional y religioso.

 

Valga para lo primero los comienzos de las principales iglesias de Alcalá, Priego, y Locubín donde campean las armas de su escudo. En cuanto a lo segundo sus Constituciones Sinodales suponen un verdadero monumento jurídico, institucional y religioso. Un lunes, 24 de abril de 1542, don Juan de Ávila sentado en su silla y estrado de la Iglesia Abacial hizo públicas, antes los representantes de los estados clerical y laico de su Abadía, las Constituciones Sinodales que ha venido haciendo, dice, tras años de estudio y recopilación de decretos de los distintos abades, ya que aunque dos de ellos hicieron sínodo y constituciones, no estaban reunidas en un volumen. Y además, continúa había que ponerlas al día dadas las circunstancias históricas tan distintas al desaparecer la frontera por la conquista de Granada, y multiplicarse, por eso mismo, el número de habitantes. Además del clero, habían concurrido a la asamblea el corregidor, dos regidores y dos jurados de Alcalá, un regidor y el alguacil mayor de Priego, y un escribano en nombre de Carcabuey. Consta el texto de las Constituciones de ocho títulos con ciento ochenta y seis capítulos. Once páginas de letra apretada ocupa su índice. El primer título trata de la pastoral (sacramentos) y la moral (mandamientos de la Iglesia), tratando en ésta, tanto del clero como de los seglares. El quinto, el segundo y el octavo de la liturgia; el cuarto, el sexto y el séptimo de los derechos de la Iglesia, jurisdiccionales (inmunidad) y económicos (diezmos y tasas judiciales y administrativas). El tercero se ocupa exclusivamente de los funerales y sufragios por los difuntos. Las Constituciones se imprimieron por Juan de Brocar en Alcalá de Henares el mismo año 1542 en 8 de noviembre, la portada lleva a toda página el escudo del abad: trece roeles propios del linaje Ávila alternan con águilas nacientes.

 

En cuanto al valor económico de la Abadía alcalaína en tiempos del abad don Juan de Ávila, o sea de su renta dependiente principalmente de los diezmos, tenemos en el AMAR (Archivo Municipal de Alcalá la Real) un dato, con el que ponemos fin a esta breve reseña del abad. De la recaudación de los diezmos se hacían nueve partes, de las cuales cinco eran siempre para el abad. En una cédula de la emperatriz Isabel a don Juan de Ávila fechada en Madrid el 25 de noviembre de 1532, dice la esposa de Carlos V:

            “...vos tenedes de renta con la dicha Abadía de diezmos y primicias cinco mil ducados ... y en vuestro tiempo después de ganada la ciudad de Granada, vale la dicha abbadía mucha suma de maravedíes más que antes ...” (AMAR. Legajo 308. Pieza 11.)

 

Su sucesor don Diego Dávila asistió al Concilio Provincial de Toledo del año 1565, con voz y voto, murió en Priego donde le gustaba residir.

 

El abad número 13 don Maximiliano de Austria, primo hermano de Carlos V, ejerció un gran mecenazgo tanto en Alcalá como en Priego.

 

El número 23 don Alonso Antonio de San Martín era hijo de Felipe IV. Bastardo naturalmente como el anterior.

 

El número 22 don Francisco Salgado de Somoza, gran jurista, se había ganado la enemistad de Roma, por lo que Felipe IV le nombra abad de Alcalá la Real para evitarle peligros.

 

Algunos abades prefirieron vivir en Priego, casi siempre para evitar problemas de etiquetas con el municipio alcalaíno, o por motivos de salud. Tales fueron entre otros Pimentel (25), Palomino López de Lerena (31) y Trujillo Jurado (32).

 

El abad Palomino (31). El 8 de junio de 1790 Carlos IV nombraba abad de Alcalá a don José Martínez Palomino López de Lerena, que estaba consagrado obispo y nombrado para la diócesis de Chiapas, en el virreinato de Nueva España, a donde no había podido incorporarse por la inseguridad debida a la guerra con Inglaterra. Por su condición episcopal pudo confirmar y ordenar en la abadía. Además en 1791 le encargaron ordenar a los clérigos de Jaén. Tuvo muchos choques con el municipio alcalaíno por su carácter puntilloso y por entender la religión desde un punto de vista ilustrado que le inducía a suprimir imágenes, retablos, capillas y tradiciones. Aunque en el ámbito asistencial se puede decir que brilló con luz propia y fueron muy notables las dos obras pías que instituyó en 1797. Una en Priego, donde residía con más frecuencia que en Alcalá la Real, en la que aseguró seis mil reales anuales de renta, debiendo repartirse cien ducados para las niñas pobres; cien para las hermanas del beaterio que las tenían a su cargo; cien para la cofradía de san Pedro con destino a los expósitos “cuya lactancia, seguridad y educación peligra muchas veces por falta de amas, por descuidos o por malicia, o por la distancia de la Casa de caridad”. Y lo restante para los jornaleros que no tenían trabajo todo el año, no para otros, “ni para mujer alguna”. Para la otra fundación, constituyó un capital de un millón ciento cincuenta mil reales que fue entregado al marqués de Astorga y conde de Altamira en Madrid, constituyendo este señor un censo, que se obligaba a pagar semestralmente, de treinta y nueve mil reales anuales. La distribución sería de 15.000 reales para el hospital de Jesús y María de Alcalá; 4.180 para pan en tiempos de temporales y calamidades: en Locubín; 3700 en Carcabuey, y en Priego 5.180, en pan cocido para los pobres; 1,120 para alumbrar el viático y 2.200 para un capellán de misa diaria en el Colegio de la Virgen de las Angustias, cuyas niñas pobres, recibirían 1.340. Pero tan positivos propósitos, no tuvieron buena suerte, y de 1808 a 1819 no se recibió ni una peseta debido a la guerra napoleónica y sus secuelas. Luego el pleito que duró hasta 1930, contra la casa en quiebra de los Condes de Altamira.

 

Los dos últimos abades José Carrión y Marfil y Fray Antonio Sánchez Matas, vivieron en América los momentos amargos de su independencia. El primero era obispo de Trujillo del virreinato del Perú y el segundo de La Paz (Bolivia) del virreinato de La Plata. Tuvieron que abandonarlo todo vendiendo parte de sus libros para pagarse el viaje a España. A Sánchez Matas le tocó además el trago amargo de supresión de la Abadía, a la que sobrevivió dos años.

 

 

RELACIÓN DE ABADES Y ALGUNOS OTROS CARGOS QUE OSTENTARON

 

1.- Don Gil de Albornoz?

2.- Antón Sánchez (1364-1387). Canónigo de la Catedral de Córdoba

3.- Ruy Hernández (1387-1399...)

4.- Juan Rodríguez (...1399-1426...). Tesorero de la Catedral de Córdoba

5.- Juan Alfonso Chirino, o de Cuenca (1456-1479) Deán de la Catedral de Córdoba

6.- Pedro Gómez de Padilla (muere en 1480). Era alcalaíno

7.- Alonso de Burgos (1480-1499) Obispo de Córdoba, Cuenca y Palencia

8.-Valeriano Ordóñez de Villaquirán(1499-1501) Obispo de Ciudad Rodrigo y Plasencia

9.-Fadrique Enríquez de Portugal (1501-1503) Obispo de Calahorra

10.- Juan de Ávila (1503-1556) Abad de Burgo el Hondo (Ávila)

11.- Diego de Ávila y Zúñiga (1556-1577)

12.- Andrés de Bovadilla y de la Cerda (1577-1582) Obispo de Segovia y arzobispo de Zaragoza

13.- Maximiliano de Austria (1582-1596) Obispo de Cádiz y de Segovia, arzobispo de Santiago

14.- Alonso de Mendoza (1597-1616) Abad de Valladolid

15.- Galzerán Albanell (1617-1620) Arzobispo de Granada

16.- Pedro de Moya y Arjona (1621-1631) Obispo de Tuy. El segundo abad alcalaíno

17.- Juan de Frías y Messía (1631) Obispo de Zamora

18.- Álvaro de Toledo (1631-1632)

19.- Fray Antonio de Sotomayor (OP) (1632-1648)

20.- Garci Gil Manrique (1642-1648) Obispo de Barcelona

21 Fernando de Heras y Manrique (1652-1658) Obispo de Calahorra

22.- Francisco Salgado y Somoza (1659-1665)

23 Alonso Antonio de San Martín (1666-1676) Obispo de Oviedo y de Cuenca

24.- Pedro de Toledo Osorio (1676-1691)

25.- Antonio Pimentel Ponce de León (1691-1695)

26.-  Diego Castell Ros de Medrano (1698-1717)

27.- Carlos de Borja y Centellas Ponce de León (1717-1733) Patriarca de las Indias y   Cardenal

28.-Álvaro de Mendoza y Sotomayor (1734-1761) Patriarca de las Indias y Cardenal

29.-Ventura Fernández de Córdoba y Espinosa de la Cerda (1761-1790) Patriarca de las Indias y Cardenal

30.- Esteban Lorenzo de Mendoza y Gatica (1778-1790)

31.- José Martínez Palomino López de Lerena (1790-1799) Obispo electo de Chiapas

32.- Fray Manuel María Trujillo Jurado (OF) (1799-1814) Obispo de Albarracín

33.- Manuel Cayetano Muñoz y Benavente (1814-1824) Obispo de Licópolis

34.- José Carrión y Marfil (1824-1826) Obispo de Trujillo

35.- Fray Antonio Sánchez Matas (1827-1853) Obispo de La Paz


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